martes, 6 de julio de 2010

Zigzagueo



Maradona y nosotrosPor Ricardo Forster

"Maradona es Villa Fiorito, los picados del pobrerío, la palabra rea, esa que nos ha dejado sentencias únicas, aquel que la rompió en la vieja cancha de La Paternal, que se convirtió, para todo el pueblo napolitano, en un semidios, aquel que redimió a los pobres del sur italiano contra los siempre triunfadores habitantes del norte; fue el de las lágrimas de bronca en la final del ’90, el de los tobillos reventados dando su último esfuerzo, el amado por los humildes y el odiado por los dueños del negocio. También fue el de la caída, el de una vida privada saqueada por la brutalidad amarillista de los medios de comunicación, el de una adicción que le robaba su palabra y le ofrecía el rostro espantoso de la desolación. Fue eso y mucho más. El triunfo deparado a los olímpicos, a los elegidos de los dioses y el que pagó el precio terrible de ser quien fue y quien es. Maradona lleva a cuestas el peso de ser Maradona y, eso creo, lo hace con una dignidad que muy pocos tienen; lo hace con la integridad de los que han conocido el cielo y el infierno, las máximas alturas del éxito y de los elogios rutilantes y su contracara, la caída en abismo, la soledad, la venganza de los mediocres que nunca han dejado de maltratar a Maradona en sus momentos de inquietante debilidad o en circunstancias signadas por la derrota, la futbolera y, peor todavía, la de la vida. Maradona ha sido el del milagro que le permitió reconstruirse, ese mismo que desmintió a los agoreros que se solazaban con su derrumbe.
Hay algo de todos nosotros en el zigzagueo maradoniano, algo de ese juego con los extremos que ha venido marcando la vida argentina desde siempre. Una gramática del exceso, un fervor por el que se paga un altísimo precio cuando llega la hora de la derrota, pero que nos ha permitido disfrutar con una intensidad única cuando llegaron los días del júbilo. Arrepentirse de esa trama profunda que nos constituye me resulta algo vacuo, insustancial e indeseable. Somos, qué duda cabe, la ilusión y la frustración, el empeño por hacernos cargo de lo mejor de una historia pigmentada por sueños a veces inalcanzables y la imperiosa necesidad de hacernos cargo de nuestras imposibilidades."




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