"... si estos dos poderes se oponen uno a otro, forzosamente el Estado se hallará en gran peligro civil y desintegración. En efecto, siendo el poder civil más visible, y estando sometido a la luz, más clara, de la razón natural, no puede escoger otra salida sino atraerse, en todo momento, una parte muy considerable del pueblo. Aunque la autoridad espiritual se halla envuelta en la oscuridad de las distinciones escolásticas y de las palabras enérgicas, como el temor al infierno y de los fantasmas es mayor que otros temores, no deja de procurar estímulo suficiente y, a veces, a la destrucción del Estado. Es ésta una enfermedad que con razón puede compararse con la epilepsia (...) un viento en la cabeza que obstruye las raíces de los nervios y, agitándolos violentamente, elimina la moción que naturalmente tendrían por el poder del espíritu en el cerebro, y como consecuencia causa mociones violentas e irregulares (que los hombres llaman convulsiones) en los distintos miembros, hasta el punto de que quien se ve acomerido por esa afección, cae a veces en el agua y a veces en el fuego, como privado de sus sentidos; así también, en el cuerpo político, cuando el poder espiritual agita los miembros de un Estado con el terror de los castigos y la esperanza de recompensan (...) sofoca su entendimiento, necesariamente trastorna al pueblo y, o bien ahoga al Estado en la opresión, o lo lanza al incendio de una guerra civil"
Thomas Hobbes - El leviatán - 1651
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